Teo y la máquina de ideas

Seguir viendo “dibujos” después de los 20.

Hace un año, escribí sobre el altísimo nivel de calidad de las series animadas para niños contemporáneas, como Adventure Time, Gravity Falls y Regular Show. Estos últimos años, las series en general mantienen un muy buen nivel, no quiero decir que la series buenas sean un fenómeno nuevo, solo que la media es inmensamente mejor que hace unos años, por año tenemos una o dos series nuevas que atrapan a todo el mundo además de las temporadas nuevas de las series que ya nos tenían enganchados.

Combinando un poco los dos temas, quería hablar de otro tipo de series que está pasando por una época dorada, las series animadas para adultos como Archer, Bojack Horseman, Rick and Morty y muchas otras.

Estas series, en general, se caracterizan por un tipo de ilustración o animación relativamente simple y un guión muy fuerte. Tienen el atractivo de que pueden seguir premisas que para una serie live action pueden ser demasiado exageradas, ridículas o difícil de hacer atractivas a la vista, además de que por alguna razón, hay diálogos que son totalmente creíbles cuando salen de la boca de un personaje animado que nunca aceptaríamos de un actor.

Los Simpsons abrieron el camino para este tipo de series a finales de los 80, dando el primer paso para desmitificar las series animadas como algo exclusivo de los niños. A finales de los 90 y principio de los 2000, South Park, Daria, Family Guy y otras series siguieron ganando terreno, aunque la progresiva decadencia de los Simpsons y las series que imitaron el humor trasgresor y shockeante de South Park sin copiar el comentario social, ayudaron a marcar la animación para adultos como algo infantil y la antorcha del humor maduro acompañado de buenos guiones y un fuerte componente humano en series animadas populares quedó en las manos de Futurama.

La mayoría de estas series sin embargo, seguían atadas al Status Quo y al final de cada capítulo, las cosas quedaban más o menos de la misma manera en la que empezaron, como si cada capítulo apretara el botón de reset al terminar. Esa es la gran diferencia con lo que parece ser cada vez más la norma estos días, las series animadas juegan con tramas y temas que se desarrollan a lo largo de la temporada y generan una continuidad. Por ejemplo:

Venture Brothers

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La serie veterana de este post, y probablemente la más nerd, se estrenó en el 2003, tiene 6 temporadas pero con suerte sale una cada dos años. Empieza como una parodia a las series viejas de niños aventureros como Jhonny Quest, siguiendo a un ex niño aventurero que creció para convertirse en un científico fracasado que vive de la herencia del padre y las aventuras bizarras que tiene con sus dos hijos y su guardaespaldas, como ser atacado por un villano fanático de las mariposas, ser secuestrado por David Bowie o tener que exorcisar la casa después de usar a un huérfano para hacer experimentos. En las últimas temporadas, abandonó completamente el formato episódico de sitcom y dedica temporadas enteras a contar una historia en varias partes.

Rick and Morty

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De esta lista, la más atada al formato sitcom de un capítulo una historia, creada por Dan Harmon, la misma cabeza de la que salió la serie Community. Rick es un científico de dudosa moral y problemas con el alcohol que viaja por el espacio con Morty, su nieto medio inadaptado. Otro tema importante en la serie es la relación con el resto de la familia y lo disfuncional de la misma. Tiene un humor muy bizarro y por momentos muy negro (en el piloto el abuelo usa al nieto de mula para pasar semillas ilegales por una aduana galáctica) pero la fuerza de la serie está en la caracterización de los personajes y la relación entre ellos, ninguno es un estereotipo del rol que cumple en la familia y la serie sabe manejar muy bien los ritmos para pasar drama a comedia sin problemas o hacer las dos cosas a la vez.

Bojack Horseman

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Serie original de Netflix, Bojack es un actor depresivo con problemas de drogas y alcohol que se hizo famoso en los 90 por una serie al estilo de Paso a Paso y quiere demostrar que puede ser una actor serio. Además es un caballo. Es una serie muy cínica que pasa en unos pocos capítulos de ser una comedia ácida a algo más oscuro. Si hay algo en lo que se destaca es en tener unos momentos y personajes muy humanos (a pesar de que más de la mitad sean animales) y un protagonista que es el héroe y su propio villano. Sabe ser igual de graciosa como devastadora y recompensa mucho la atención por la cantidad de detalles y chistes que pasan en un segundo plano a los personajes, además de algunos gags y detalles que se repiten en varios capítulos tomando significados nuevos según la situación.

 

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