Teo y la máquina de ideas

Sale No Sale

Es curioso cómo una idea cambia por completo la energía y los pensamientos de todos los que con ella interactúan, sea buena, o sea mala.

La creatividad es variable; la creatividad publicitaria es variable y además está enormemente supeditada a un montón de opiniones pagas, no solo respecto al producto (la idea), sino también respecto a lo que los interactuantes piensan de ellos mismos.

Este factor es sumamente relevante al momento de escuchar una idea: si viene de tal suena mejor que si viene de tal otro. Hay un juego de influencias, un equilibrio de opiniones que rápidamente puede romperse.

Mediante nuestro bendito y abusado Modo Manifiesto de expresar las cosas, los dos posibles resultados de una reunión en la que se presentó una idea y cómo ese equilibrio de opiniones puede, de un plumazo, irse a la mierda…

Parental advisory: no siempre hay rima.

 

Sale

Repiquetean tus dedos en el escritorio,

ya fuiste tres veces al mingitorio;

escuchás la puerta sonar,

llegaron: hora de bailar.

Con parsimonia entra el director creativo,

acompañado de la ejecutiva, con un rostro anodino;

con falso pesar, te dicen: “gustó, mirá que sale”

sonríen, vos querés abrazarles.

Pensás: estos tipos son crá.

Piensan: este pibe se va para arriba.

Concluyen: esta agencia es para toda la vida.

A la salida van juntos a una cervecería.

El cliente compró,

qué fenónemo.

Sabe de marketing, la vio,

tiene huevo, entiende todo.

La agencia trajo una gran idea,

estuvimos bien al momento de elegirlos,

es justo lo que necesitamos,

que nos propongan nuevos desafíos.

Volvés a casa y en el bondi pensás otra idea,

saludás con cariño a tus viejos,

les contás lo bien que estuvo el trabajo,

lo jodés a tu padre: ¡por suerte no fui un abogado!

 

  

No Sale

Repiquetean tus dedos en el escritorio,

ya fuiste tres veces al mingitorio;

escuchás la puerta sonar,

llegaron: hora de bailar.

Distraído entra el director creativo,

acompañado de la ejecutiva, te esquivan, ¡no tiene sentido!

no aguantás, parás a preguntarles,

serios, te dicen: no funcionó, hay que volver a presentarles.

Pensás: si la contaba yo, seguro salía.

Piensan: este pibe es un atrevido.

Concluyen: esta agencia es una fiambrería.

A la salida, no salen… seis horas más entre la longaniza.

El cliente no compró,

qué banana.

Que se meta el marketing en el orto,

no tiene huevo, no entiende nada.

La agencia trajo cualquier bolazo,

¿quién tuvo la mala idea de elegirlos?

esto es justo lo que odiamos,

¿y si buscamos nuestro propio equipo creativo?

Volvés a casa, en el bondi pensás otra idea,

les negás el saludo a tus viejos,

gritás con rabia contra el trabajo,

cabizbajo le decís a tu padre: “¿será tarde para hacerme abogado?”

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