Teo y la máquina de ideas

Si no está en internet, ¿No pasó?

Cada vez nos pasamos más tiempo interactuando con el celular. Cada cosa que hacemos la compartimos. Lo que comemos, a dónde vamos, con quién estamos. Ya sea como una foto o como una historia, los celulares nos permiten cada vez más vivir el minuto a minuto de la vida de nuestros amigos cibernéticos.

Seguro te pasó de estar encerrado en la oficina y decir, agarro dos segundos el celular a ver en qué anda la gente, y quererte matar porque a medida que vas scrolleando ves que mientras vos estás ahí encerrado, hay gente que está por europa, por lugares místicos de Asia, o capaz en la rambla tomando un mate, o en un restaurante comiendo algo rico.

También te pasa que de la nada se te llena el facebook de gente en pareja, casandose o teniendo hijos. Y uno ahí… gordito esperando pegar el estirón…

Y te molesta, la realidad es que ver que todo el mundo está feliz todo el tiempo para nuestro cerebro no es tan feliz como pensamos. Sin embargo, ¿qué tan real es esa realidad que mostramos en nuestros perfiles, y hasta qué punto no es una realidad controlada?

Con esto me refiero a que muchas veces se suben a internet fotos o videos de momentos puntuales que son eso mismo, momentos.
Compartimos una foto de un plato de comida solo porque es lindo, independientemente del gusto que tenga al final; subimos una historia de un momento en que el baile explotó y capaz que después la noche terminó siendo una porquería. Porque a los ojos de los otros, queremos que la gente vea que la pasamos bien, que tenemos vida social, y esperamos ansiosamente los likes, y cómo no las reacciones.

Entonces, ¿hasta qué punto es real lo que vemos de otros en internet? El siguiente video me pareció divertido y me parece que trata bien este tema:

En definitiva, cada vez importa más lo superficial: cómo se ve lo que estoy haciendo y no tanto qué estoy haciendo en sí mismo.
No piensen que soy una pesimista-apocalíptica que odia la tecnología, al contrario, ando con mi celular de arriba para abajo.

Lo que creo es que sabiendo esto, no tenemos que dejarnos afectar tanto por lo que hacen o dejan de hacer los otros, o estarnos comparando, porque la realidad es que nos estamos comparando a la construcción virtual de una persona. Además que el constante planteo de por qué otros hacen o tienen algo que yo no, es de seguro una forma de deprimirte más rápido.

Después de leer este post, no pretendo que tiren sus celulares por ahí ni que dejen de ponerle filtros a sus fotos ni mucho menos. Solo dos cosas: La primera es que reflexionemos acerca de cómo dejamos que nos afecte lo que vemos en internet, que no nos angustie lo que hacen otros, ni tampoco creamos que somos unos genios porque nuestra foto de una taza de café tiene 1000 likes.

La segunda es: Si le vas a sacar una foto a tu comida, dale nomás. Pero después sentate y disfrutala, con un amigo, con tu familia, o solo. Si vas a hacer una historia en el boliche genial, pero después guardalo y viví el momento, bailá, reite.

Los celulares están demás y nos hacen más fácil la comunicación. Pero no nos olvidemos que las mejores cosas, esas que te llenan el alma, pasan con las pantallas apagadas.

Marcela Heine

Redactora creativa en Havas Gurisa

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