Teo y la máquina de ideas

Ideas, poetas y mercaderes (por Martín Avdolov)

Hay muchas teorías sobre el valor de las ideas. Para muchos una idea no vale hasta que no ha sido puesta en práctica. Para otros es la base de todo gran proyecto, es decir, sin ideas no hay nada.

Desde que comencé a trabajar en comunicación siempre sentí muy propia la frase del flaco Invernizzi que decía que los publicistas somos “poetas de mercaderes”.  Esa visión romántica que vincula el mundo comercial y el artístico me pareció de una lucidez absoluta.

Con el tiempo, además de trabajar en publicidad, fui dedicándome también a generar contenidos
tanto audiovisuales como literarios y conocí la contracara del enunciado: los “mercaderes de
poetas”

¿Sabías que si escribís un libro, el autor recibe sólo el 10% del precio de venta de cada ejemplar?
En el mundo audiovisual la cosa no es mucho más alentadora. Sobre todo con la llegada de internet
se hace cada vez más complejo el cobro de derechos de autor. Son pocos los profesionales que han
tenido un buen feedback al respecto, y aún así la están luchando. El caso de los guionistas en
Hollywood es uno de los más resonantes de los últimos años.

Pero hay vida más allá de los derechos de autor, la literatura, la televisión y hasta los youtubers. Los
publicistas lo sabemos desde hace al menos cien años.

No sé cuánto vale, pero sé lo que cuesta. 

Durante muchos años fui docente de Historia y desarrollo de la publicidad. En clase repasábamos
los hitos más relevantes de esta profesión tan amada y odiada a la vez.
Al inicio los publicistas eran agentes intermediarios que vendían el espacio en los medios. Con el
tiempo, sobre todo al inicio del siglo XX comenzaron a dedicarse también a lo que estaba adentro
del espacio, es decir, al contenido publicitario.
Ya en la década del 20, la publicidad científica apareció en todo su esplendor. La máquina
comercial debía funcionar sin pausa producto de los grandes avances económicos, sociales y
tecnológicos. En síntesis, el sistema necesitaba ideas y más ideas para movilizar el comercio y así
garantizar su supervivencia. Entonces la producción de ideas empezó a ser estudiada y valorada.
Las décadas fueron pasando y del prestigio de Madison Avenue llegamos hasta el año 2017 donde
muchos saben que las ideas siguen siendo la esencia del negocio, pero parece que cada vez cuesta
más valorarlas en todos los sentidos de la palabra.

Un proceso bastante misterioso. 
Los creativos, más por experiencia que por la academia, sabemos bastante sobre lo que no sabemos
de la generación de ideas.
Veamos, existe un proceso creativo, en eso estamos todos de acuerdo. Pero al final de cuentas todo
sucede de forma bastante misteriosa.
Una gran idea nos puede llegar tan sorpresivamente como una tormenta de verano.
Una gran idea también nos puede costar noches de insomnio y días de trabajo arduo como un
minero que excava sin parar hasta llegar a las profundidades mismas de la tierra en busca de
metales preciosos.
¿Entonces? ¿Cómo valoramos esas ideas y sus posteriores concreciones?

Ni mercaderes ni poetas: humanos.
Hace más de 20 años que vivo de mis ideas. Trabajé con ejecutivos de cuenta, dueños de agencia, canales de televisión, editoriales, consultoras y clientes que creen que las ideas se fabrican en serie como los primeros automóviles de Ford.
Y trabajé también con personas que tenían los mismos roles y apreciaban, en el acierto y aún en el error, todo el trabajo realizado.
Al final, lo que realmente cuenta en los poetas de mercaderes y en los mercaderes de poetas es la
calidad humana.
Si están en el camino de la creatividad lo primero es saber rodearse de buena gente donde
prevalezcan los valores y la confianza, donde se reconozca el trabajo arduo y a veces mágico detrás
de cada idea.
Pero cuidado, en estos viente años también me crucé con poetas y mercaderes que son como las
aves carroñeras que se quedan con el premio después que otro animal hizo la parte más dura del
trabajo.
Parte del desafío diario es poder distinguirlos. Cuando las ideas y sus pensadores son queridos,
respetados y valorados, más allá de si funcionan o no, más allá de si se aprueban o no, ser creativo
sin dudas es una de las mejores profesiones del mundo.

 

Martín Avdolov
Licenciado en comunicación publicitaria, es docente de Creatividad y Análisis de campaña en Universidad ORT. Ha escrito tres novelas (Violeta corazón, Camba y El corazón creativo), guionado series y documentales. Trabaja como consultor en creatividad y transformación digital.

 

Gracias Martín por el post!

Leonel Delfino

Director Creativo, fundador de Teo, adicto a los links con cosas interesantes.

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