Teo y la máquina de ideas

El proceso histórico en el que estamos viviendo.

La semana pasada fui a renovar la cédula y mientras esperaba sentado a que me dieran la tarjetita nueva con el chip, la firma digital y todos los chiches, me puse a boludear con el celular para matar el tiempo. No pasaron ni 5 minutos que apareció un guardia de seguridad pidiéndonos a mí y a la cuarentona que estaba sentada al lado mío que guardáramos los celulares. Una vez que seguimos sus órdenes, la señora me miró en complicidad y me dijo: “Es que si no estoy con el celular no sé qué quiere que haga mientras espero”. “Qué salado”, me dije en ese momento para mí mismo, y me puse pensar lo mucho que cambió la manera en la que vivimos. Porque si una señora que vivió la mayoría de su vida sin usar el celular no sabe qué hacer 10 minutos sin él, algo cambió para siempre y no sé si estamos siendo 100% conscientes de eso. Es tanta la ansiedad que nos genera el celular que me hizo pensar si no la estaremos pifiando en algún lado.

No me quiero poner fatalista, pero tengo que admitir que me pasa muy seguido, y es muy triste, que no me acuerdo qué hacía cuando no tenía un Facebook que revisar, un Instagram que scrollear, un Whatsapp para hablar todo el tiempo, una cámara en el celular para sacar fotos o un Google que consultar. En qué invertía el tiempo muerto, no sé. No sé si es horrible o no (y capaz esto lo hace pero todavía), pero debo estar casi todo el día conectado a mi celular, ya sea por el trabajo o por ocio. Son cosas que ya las hemos escuchado en todos lados, pero ya la TV no se mira con la misma atención que antes porque siempre estamos al tanto del celular, ni los conciertos son los mismos desde que filmamos o sacamos fotos en ellos, y así pasa con miles de cosas.

Ya todos hablaron del “digital detox” y el “disconnect to connect”, pero hoy quiero traer a conciencia que estamos siendo protagonistas de un enorme proceso histórico de cambio. En unos años las nuevas generaciones van a estar estudiando nuestra época, como nosotros lo hicimos con las revoluciones, las guerras mundiales o el movimiento hippie. De chico siempre me preguntaba en las clases de historia si las personas que vivían esos momentos eran conscientes de que estaban siendo parte de un cambio importante en la historia de la humanidad, o si solo vivían su vida mientras las cosas pasaban a su alrededor sin estar muy al tanto de todo.

Hoy siento que gracias a la tecnología (linda la ironía) es más fácil esparcir la crítica y el análisis a este momento que estamos viviendo. Han salido miles de ilustraciones, videos, avisos, películas y series hablando de esta temática, así que a continuación les voy a dejar algunos de las que más me gustaron, algunos de los materiales que quizás en unos años formen parte de algún programa de historia:

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Black Mirror. Es una serie, que si no la vieron, dejen de leer esto y vayan a verla ahora, están las tres temporadas completas en Netflix. Es increíble la crítica que hace a la sociedad moderna. Cada capítulo trata un tema diferente y lo analiza a fondo, sin dejar moralejas pedorras, sino invitando al espectador a verse reflejado en eso y hacer algo al respecto. Les quiero recomendar el que para mí es uno de los mejores capítulos hasta ahora, el 1ero de la 3era temporada, “Caída en picada”. En este en particular se trata el tema de las redes sociales, de la hipocresía y falsedad que inunda estos mundos, y de cómo vivimos para ellos. Cómo creamos una fantasía a nuestro alrededor para ser aceptados y agradarle al otro. Se muestra una sociedad en la que el “me gusta” es la moneda oficial y cada persona es calificada con un promedio de acuerdo a los likes que obtiene de la gente con la que interactúa. Así, los que tienen un mejor promedio pueden acceder a beneficios exclusivos, mientras que los de promedio bajo no. Vale mucho la pena.

 

“¿Estás perdido en el mundo como yo?”. Este video de Moby salió hace 2 semanas y es muy triste, pero refleja 100% la realidad.

 

Algunas ilustraciones que hablan por sí solas:

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Por último les dejo esta reflexión de Hernán Casciari que tiene unos años ya:

 

Como dije antes, ya escuchamos hablar de esto millones de veces, y no sólo este año, sino me animaría a decir desde el 2010. Hoy sólo quería traer a reflexión justamente eso, si en estos años que pasaron hicimos algo para cambiar la visión que van a tener las futuras generaciones de nosotros, o si vamos a quedar inmortalizados en la historia como los “zombies de la tecnología”, dejando de lado las cosas buenas de nuestra época.

 

Comentarios

  • Como le dije a un amigo… desde cuando la palta se llama avocado y tiene un # adelante? hay algo que no está bien! cual es la necesidad de compartir mi desayuno con palta en instagram (si no soy un amante de la fotografía)? mostrar una fachada de que mi mantequera está libre de migas? que uso 3 tipos de cuchillos y mi jarro cool de starbucks? ahora… el tomarte un bracafé no garpa?

    Lo que decís en el articulo es algo que me vengo preguntando hace tiempo, cuantas veces haces un refresh de app para ver algo nuevo? da cosita realmente.

    Lo de Blackmirror es potenciar esas cosas que hoy vemos como cotidianas pero son tremendas… te deja haciendo trompos y replanteandote muchas cosas.

    • Juan Manuel Barbe


      Gracias por tu comentario! La verdad que es tremendo si, y lo planteo como una crítica a mí mismo también. Es horrible a la ansiedad que nos acostumbramos por culpa de la instantaneidad del celular y el internet.

      Me pasa, y supongo que a otros también, que mando un mensaje por Whatsapp, y si pasan 10 minutos y no tengo respuesta, ya la ansiedad me entra a picar. Y eso que antes en la época de los sms esperábamos sin problema a que nos respondieran.Y ni hablar de bajar música, una película, serie etc.

      No quiero entrar en el cliché de intelectualoide que critica las redes, porque trajeron muchas cosas positivas, pero me parece que está bueno usarlas siendo conscientes de las dos caras que tienen.

      Me alegro que te haya gustado, saludos!


  • Yo entro entre las cuarentonas que se hicieron adictas a la tecnología, todo el tiempo, en todos los dispositivos, a través de todas las apps. Cuando por alguna razón no puedo despuntar el vicio – como en un banco – he vuelto a practicar y tiro la idea porque a mí me resulta fascinante: empiezo a observar a todas las personas a mi alrededor. Con disimulo, cual antropóloga, cual sicóloga social, socióloga o simple chusma. Miro los gestos, las miradas, aguzo el oído para pescar un retazo de conversación. Armo o imagino una historia alrededor de cada ser humano alrededor, de cada intercambio de palabras oídas al azar. Y me empiezo a olvidar de mis diferentes TL, de chats, de msg, incluso disfruto del modo avión. Soy inubicable por un rato. Soy libre!

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